Hace tiempo que no escribo, pero hoy me ha pasado algo estupendo, casi surrealista, jejeje, hoy cuando me dirigía al trabajo, he parado a echar gasolina, y después de echarla, cuando estaba a punto de marcharme, veo que el conductor del coche que tenía al lado, era mi profesor de lengua en el instituto, para cualquier persona no sería nada, ni bueno ni malo, para mi ha sido estupendo, ese hombre con su barba y su camisa de cuadros, fue el que me enseñó a amar la lectura, el que me enganchó al mundo de las palabras. Ha sido algo curioso, los dos nos hemos quedado mirandonos, como sin creer lo que veíamos, me he acordado en muchos momentos en mi vida de el, porque la lectura y quizás más la composición, desde entonces se ha convertido en mi refugio, en mi parte especial de mi misma, en mi lugar privado donde nadie ha sido capaz de adentrarse…. aunque no fue así siempre.
Este hombre, la primera vez que lo vi, era nuestro profesor de lengua, ha muchos compañeros mios, les caia mal, era lo que nosotros llamabamos “borde”, ajjajaj, pero a mi, a medida que nos iba dando clase más me gustaba como lo hacía y lo que nos enseñaba, no era borde, daba lugar a que el que se atreviese, opinase, fijaos, algo tan importante, que aprendiésemos a razonar y a expresarlo en palabras, a ser críticos con los textos, a que los exprimiesemos, sus exámenes mosqueaban a todo el mundo, porque había que comentar un texto, a mi me encantaba, era algo que lo hacíamos prácticamente a diario en clase, no era una asignatura exacta, y la gente se ponía nerviosa, yo no sacaba mucha nota, más bien baja, pero en aquel entonces simplemente me enamoré de la literatura, y con los años me di cuenta que aprendí mucho más en aquellas clases, en las que colocabamos las mesas haciendo el perímetro del aula, para que cuando habláramos, nos vieramos, en aquellos debates en los que poca gente hablaba, recuerdo uno sobre la pena de muerte, a favor en contra, los turnos de palabra, tenías que razonar lo que decías y argumentarlo, si, aprendí mucho mas que síntaxis y literatura.
Después, me apunté a un taller literario que daba por la tarde, una actividad extraescolar, eramos pocos, recuerdo como me sorprendió que la gente comia chupachups mientras hablabamos sobre libros, textos, poesía, composición….era como una reunión de amigos, escribíamos nuestras propias cositas, y todos teníamos nuestro estilo especial y diferente, se notoba sobre todo cuando se leían en voz alta, allí conocí a gente muy interesante, pero curiosamente, nunca entraron en mi grupo de amigos, bueno, yo siempre he sido un poco la “rara” de mi grupo. En aquellos años, iba al aula Diez Canedo, a escuchar, solamente a escuchar, creo, que nunca hice ninguna pregunta al autor que se sentaba en aquella mesa, pero llegaba a mi casa alucinada de lo que había escuchado, de lo que contaba el autor en sus obras y sobre su vida.
Cuando empecé la universidad, me matriculé en Relaciones Laborales, y me tocó el turno de tarde, de modo que ya se acabaron las clases de composición literaria, y se acabó mi ritmo normal, cuando miro atrás, creo que la universidad me impresionó, me superó, de hecho el primer año me quedaron seis, pero lo peor es que renuncié a todo eso con lo que mantenía contacto a través de las clases de composición literaria, hablar con gente de mi edad sobre libros, autores…y otras tantas cosas, que parecía que a nadie más le importaban, que no quiere decir que no me escucharan, y con las que mi mente se nutría de inquietudes de vitalidad mental.
Realmente, ese mismo año, mi vida dio un giro de ciento ochenta grados, no porque me quedara embarazada, porque para aquel entonces ya todo era distinto, sino porque no encontraba mi sitio, menos mal que me quede embarazada, parece mentira, pero gracias a ello recuperé mi norte, mis ganas de avanzar, algo mio, lo que ocurre que entonces ya me lo iba jugando todo a una carta, por las circunstancias, las responsabilidades y la necesidad de ganar, y gané, pude con todo, mi madre me dijo una vez: ” A tí cuanto más dificiles se te ponen las cosas, más haces”, y es cierto, pero me aparté de mi mundo bohemio, como le llamaba mi padre, de mi refugio, de mi momento dedicado exclusivamente a imaginar, soñar, despegar de la realidad….y esa es una espinita que tengo clavada, es la única cosa con la que no he seguido para delante, y la que más me llenaba, después de mi niña, claro, y mira por donde, hoy he visto a ese profesor que tanto me marcó, no se si alguien ha leído “La Lengua de las Mariposas”, la relación de admiración casi amistad que une al alumno con el profesor, que queda impresionado por la sabiduria de ese viejo maestro, por esas cosas que sabe, pues algo así es.
Gracias.
Bonita Historia, bueno y te ha dicho el Profe? Eso no nos lo cuenta, eh? La verdad q la vida es toda una sorpresa, donde menos q lo espera, nos encontramos con alguien q no vemos desde hace años, y fijate en la Gasolinera!.
Por cierto, tienes un par de faltas de ortografía, no es x nada, pero te lo aviso, jaja, Saludos.
Pues como vea tu post él, se le caerán lágrimas:
Echar: Hacer que algo caiga en sitio determinado. Echar dinero en un saco Echar una carta al buzón o ECHAR GASOLINA! quítale la H que rechina!, y para rematar el asunto están los acentos, que de cada 5 pones 1.
Creo que en las clases de literatura hacías pellas, quizá fuera eso lo que añorabas al verle.
¿Subrealista???, XD, no será surrealista!!!
Tupackamaru, no, no creo que lo lea nunca, pero da igual, un texto con tantas faltas es ilegible, llevas razón, lloraría…
Gracias por advertirmelo,
Un saludo, Arboleda.
Hola Antonio, si me he puesto a escribir como una bala, y no he reparado en la ortografía.
Gracias, así da gusto.
Un saludo, Arboleda.
Creo que no te has apartado de tu mundo bohemio, si escribes aquí es porque aún no lo has olvidado. Lo tienes aquí, ante la pantalla en blanco, rellénala no lo haces nada mal y purga tus “demonios”.
Discúlpame si te he parecido borde y no sé si tu profesor estaría orgulloso de lo que has escrito (estoy seguro de que al menos sí de él mismo por haberte inculcado su amor a los libros), de lo que sí estoy seguro es de que estaría orgulloso de ver que derrochas algo que hoy en día decrece y decrece a pasos agigantados y es… EDUCACIÓN.
Un beso de otro bohemio
Yo también tuve una época así, aunque los profesores de literatura de mi instituto (Bárbara de Braganza) no me inculcaron nada de nada, la que me hizo leer más fue mi amiga Caty, que tenía libros chulos, la biblioteca pública que al ser gratis me pasaba el día en ella (en aquella época estaba muy muy muy pelada) y un grupo de amigos que teníamos que eran un poco culturetillas. En cuanto al instituto, una de las profesoras estaba siempre con depresión por una grave enfermedad de su hijo y a la pobre se le iba la cabeza, no nos transmitía nada, nos evaluaba injustamente, se le olvidaban los exámenes… El otro era un cura igualito en su estilo de vestir y forma de hablar a Antonio Gala, era un hombre seco en todos los aspectos, con la misma mala leche que un perro pekinés, además era desagradable en las formas de dirigirse a los demás, nos hablaba siempre de usted y exigía que le pusiéramos el “Don” delante de su nombre. De todos modos me iba muy bien en sus clases, nunca suspendía, pero se le cruzó el cable en junio y me tiró para septiembre el idiota, luego saqué notable.
El caso que yo también era de las que asistía siempre al Aula Díez Canedo en el MEIAC, allá por mediados de los 90 y me encantaba, algunas veces no entendía mucho lo que quería decir el autor con sus poesías, pero a mí me daba igual porque lo interpretaba a mi manera, como los cuadros abastractos, y me sentía especial de poder escuchar tan de cerca a un escritor. Siempre éramos cuatro gatos los que estábamos allí, y eso aumentaba el valor del aula, me sentía privilegiada. Recuerdo con cierta rabia que el día que vino Vázquez Montalbán, por ser más famoso, aquella sala se llenó de gente que no eran de los habituales, y no me pude sentar ni ver nada en condiciones, aquello parecía la boda de la Lolita. Me entraron ganas de coger un megáfono y decir “¡por favor los noveleros que se vayan por donde han venido!”.
En fin, me alegro de tu “reencuentro”, y te animo a seguir escribiendo mujer, que lo haces muy bien.
Nos vemos el lunes. Ciao.
Muy buenas, que placer verte por aquí… y qué curiosa coincidencia, jejejej.
Si es cierto, siempre estábamos cuatro gatos, pero muy agusto!!!!!
Gracias.
Muy buenas, que coincidencias, chica, es cierto siempre estábamos cuatro gatos, pero muy agusto…jejejjeje
Muchas gracias por tu comentario… Nos vemos